Cada día aprendemos algo nuevo. Pero no solo se aprende, también se siente, algo que
conmueve nuestro corazón. A veces el dolor por los desastres solo dolor nos puede causar,
pero que tal cuando seres generosos comparten lo suyo con aquellos que sufren,
¡maravilloso! Este es un tierno y expresivo ejemplo que nos da una familia en Roca,
Nebrasca.
Hacía mucho tiempo que palabras simples no me habían llamado tanto la atención, máxime
en este país donde pareciera que Dios fuera alejado de nuestras vidas, pero no es así. He
aquí como una madre expresa su amor a sus hijas adoptivas: “Having someone to love is
family. Having somewhere to go is home. Having both is a blessing.” En otras palabras:
“Tener a quien amar es familia. Tener a donde ir es hogar. Tener las dos es una
bendición”. Cierto, es algo que todos sabemos pero muchas veces pasamos por alto.
Y así es, tener a quien amar es familia, pareciera muy simple pero no lo es precisamente es
el amor que mueve montañas, ese medio de comprensión y entendimiento que todos
anhelamos y a veces poco cuidamos, al ser o seres con quienes formamos familia.
Pero y que decimos de “tener a donde ir es hogar”. Especialmente hoy en día cuando miles
de familias han perdido su anhelado techo, no solo acá, ahora en Puerto Principe, Haiti, por
diferentes y catastróficas razone, se vive en forma palpable el significado de las “cuatro
paredes”, pero cuatro donde reine la paz, la comunicación, el cuidar del uno para el otro, sí,
eso crea la armonía y el bienestar emocional de una familia, precisamente un hogar.
La existencia de los dos, el amor y el hogar son una bendición. Indefectiblemente. Para
aquellos que recibimos esa bendición, privilegiados debemos sentirnos. Dios ha guiado
nuestros pasos y a través de nuestro amor y comprensión hemos formado hogares que a
su vez crean otros que fortalecen nuestra existencia en forma tan positiva y generosa.
Hogar, amor, bendición, trilogía simple de decir pero no siempre fácil de lograr.
Pero regresemos para continuar el recuento del generoso gesto de la familia Heaton. Los
esposos Kristin y Scott, gracias a su gran corazón y a los cambios de procedimientos de
adopción tanto en Haití como en inmigración en Estados Unidos, pudieron realizar su sueño
de concretar la adopción de Dieunette de 2 años y Bettania de 7, salvadas del terremoto
en el orfanato que se encontraban el 19 de enero, vivas.
Pero no es que a esta pareja no tuviera hijos, no, Dios los había bendecido inicialmente con
su hija Victoria, hoy ya de 17 años. Su amor a cobijar en su techo hizo que Nathaiel de 20
años fuera su primer hijo adoptivo. Pero ahí no pararía el deseo familiar de acoger en su
hogar dos preciosas niñas.
Pero es que la historia no es reciente y tampoco casual, esta familia venía buscándolas
para alegrar su ya formado hogar, inclusive Kristin, ya había visitado Haití cada tres meses,
inclusive cuando Dieunette tenía seis meses, junto con su esposo, la hospedaron en su
casa durante el tiempo de convalecencia de una cirugía de urgencia que le efectuaron en
la parte izquierda de su cerebro en un hospital en Omaha. Tiempo después regresaría al
lado de su madre en Haití
Dice Kristin: “Que ella tenía fe que Dios encontraría una forma de traerlas a su hogar, pero
quien hubiera pensado en esta forma, ¿un desastre catastrófico?” Muchas veces en
nuestras charlas cotidianas decimos que Dios obra en las formas menos esperadas. El
terremoto hizo que en algunos casos el proceso de adopción se agilizara y en este
precisamente la fe de los Keaton se hizo realidad.
Elevemos una plegaria a Dios por los cientos de desaparecidos, por los ya fallecidos, pero
también por todos aquellos que esperan ansiosos poder contar con un pan y un techo que
les permita recuperar lo perdido, la familia y la confianza en un nuevo amanecer.
6 febrero 2010 ¡FINALMENTE UN HOGAR!
Escrito por: Nelson Merchan-Cely
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